Cuánto cuesta una página web para un negocio
Los rangos reales del mercado español, de qué depende el precio y los costes que no salen en el presupuesto.
La respuesta corta es que depende de qué necesita tu negocio, y que el rango real va desde unos pocos cientos de euros hasta varios miles. La respuesta larga, que es la útil, es de qué depende esa diferencia y qué estás pagando en cada caso. Con eso puedes juzgar cualquier presupuesto que te pongan delante, el nuestro incluido.
Los rangos que te vas a encontrar
En España hay cuatro escenarios habituales, y confundirlos es lo que hace que un presupuesto parezca caro o barato sin serlo.
La plantilla montada por ti, con Wix, Squarespace o similares, suele costar entre 15 y 30 € al mes. El dinero es lo de menos: lo que pagas de verdad es tu tiempo, y el resultado se parece al de miles de webs iguales. Sirve para salir del paso y para validar una idea, no para competir en una búsqueda donde hay cinco negocios peleando.
El freelance o la agencia pequeña es el rango más común para un negocio local: suele estar entre 600 y 1.500 € de pago único. Ahí entra un diseño propio, unas cuantas páginas y la puesta en marcha. Lo que casi nunca entra, y conviene preguntarlo, es el mantenimiento posterior, los cambios y el posicionamiento.
La agencia mediana se mueve habitualmente entre 2.000 y 5.000 €, y a partir de ahí no hay techo. Lo que se paga de más es proceso: investigación previa, diseño desde cero, redacción profesional, varias rondas de revisión y un equipo con roles separados. Lo que se gana es una web más pensada y un interlocutor estable. Para un negocio de barrio casi nunca hace falta; para una empresa con varias líneas de negocio, a veces sí.
Y está el modelo de cuota mensual sin pago de entrada, que es el que usamos nosotros: entre 50 y 150 € al mes según lo que incluya. No es más barato en total, es distinto: cambias un desembolso grande por un gasto pequeño que incluye el trabajo continuo. Más abajo explico por qué lo hacemos así.
De qué depende de verdad el precio
Cuando dos presupuestos se separan por mil euros, casi siempre es por una de estas seis cosas.
Cuántas páginas tiene. Una web de cuatro páginas y otra de veinte no cuestan lo mismo, aunque el diseño sea el mismo. Y ojo, porque más páginas no es mejor: lo que suma es una página por cada servicio importante y por cada zona en la que trabajas, no un menú lleno de secciones vacías.
Si los textos los escribe alguien o los pones tú. Es la partida que más se subestima y la que más decide. Quien entra en tu web tarda cinco segundos en saber si has entendido su problema, y eso lo deciden las palabras, no el diseño. Un proyecto donde el cliente promete mandar los textos suele ser un proyecto que se queda parado dos meses.
Si hay fotos propias o de banco. Una sesión de fotos cuesta dinero, pero las imágenes de banco se reconocen a distancia y restan confianza en un negocio local. Si tienes obra hecha, producto o local, merece la pena.
Si lleva posicionamiento o solo diseño. Aquí está el malentendido más caro del sector. Una web bien hecha sale configurada para Google, pero eso no es lo mismo que trabajar el posicionamiento cada mes. Lo primero entra en cualquier presupuesto serio; lo segundo es un servicio aparte que se paga aparte.
Si es a medida o sobre plantilla. Una plantilla de WordPress ajustada cuesta bastante menos que un diseño propio, y para muchos negocios es suficiente. Lo que no es suficiente es que te vendan una plantilla al precio de un diseño a medida.
Y si lleva funcionalidades. Reservas con calendario, tienda, área de clientes o una calculadora de presupuesto son desarrollo, no diseño. Cada una puede sumar varios cientos de euros, y conviene preguntarse si de verdad la vas a usar desde el primer mes.
Lo que casi nunca te dicen en el presupuesto
Esta es la parte que más disgustos da, porque son costes y condiciones que aparecen después de firmar.
El dominio, y sobre todo a nombre de quién está. Cuesta entre 10 y 15 € al año, así que el problema no es el dinero: es que muchas veces se registra a nombre de quien hace la web. Si algún día te quieres ir, el dominio es tuyo o no lo es, y eso se decide el primer día.
El alojamiento. Suele costar entre 5 y 30 € al mes según el proveedor. La pregunta importante no es cuánto, sino qué pasa si dejas de pagarlo: la web deja de verse, y si no tienes copia ni acceso, se pierde.
Los cambios. Cambiar un precio, añadir un servicio o subir tres fotos. Si cada modificación se presupuesta aparte, y es lo habitual en el modelo de pago único, acabas no tocando la web nunca. Por eso hay tantas webs que llevan dos años diciendo lo mismo.
El mantenimiento y las actualizaciones. Una web sobre WordPress necesita actualizar el sistema y los plugins, o acaba rota o comprometida. Suele venderse como una cuota aparte de entre 20 y 60 € al mes, y si no la contratas, nadie lo hace.
Quién es el propietario de la web al final. Hay proveedores que trabajan sobre plataformas propias donde la web solo existe mientras seas cliente. No está mal en sí mismo, pero hay que saberlo antes, no cuando te quieras marchar.
Y qué pasa si te vas a otro proveedor. Pregunta si te entregan los accesos y una copia. La respuesta a esa pregunta te dice más del proveedor que su portfolio.
Las tres preguntas que deberías hacer antes de firmar
Con estas tres, cualquier presupuesto se entiende, venga de quien venga.
¿La web es mía y me la puedo llevar? Debería incluir el dominio a tu nombre, los contenidos y una copia de la web. Si la respuesta tiene matices, pide que te los expliquen por escrito.
¿Los cambios están incluidos o se presupuestan? Y si están incluidos, cuántos y con qué plazo. Esta es la pregunta que separa una web que acompaña a tu negocio de una que se queda congelada el día que se publica.
¿Qué pasa el mes que viene? Es decir, si hay alguien detrás o la relación se acaba al entregar. No hay una respuesta correcta: hay proveedores que hacen la web y se van, y está bien si lo sabes. Lo que no puede ser es enterarte cuando necesitas ayuda.
Por qué nosotros lo hacemos por cuota mensual
Porque 600 o 1.000 € de golpe frenan a mucha gente que necesita la web justo cuando menos margen tiene. Y porque el pago único crea un incentivo raro: el proveedor cobra al entregar, y a partir de ahí lo que pase con tu web deja de afectarle.
Con cuota mensual, si la web no te sirve, te vas, y nosotros perdemos el cliente. Eso alinea lo que nos conviene a los dos. Nuestro plan Web cuesta 79 € al mes e incluye el diseño a medida, los textos escritos para tu negocio, el alojamiento, el dominio, los cambios que pidas y el soporte directo, sin pago de entrada y con un compromiso inicial de doce meses.
Si además quieres que trabajemos tu posicionamiento cada mes, eso es otro servicio y va aparte: 200 € al mes si ya tienes web, o 300 € al mes con web incluida.
No es el modelo correcto para todo el mundo. Si prefieres pagar una vez y no tener cuota, hay gente que lo hace bien y merece la pena buscarla. Lo importante es que sepas qué estás comprando en cada caso.
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Escrita por Miguel Gatell, fundador de Isogatell.